#TrabajaExtraordinario

Con cariño, las mujeres de Astrolab

El rol de la mujer en Astrolab

Las mujeres de Astrolab decidimos unirnos y compartirles, a través de este artículo, algunos de nuestros pensamientos y experiencias sobre el rol de la mujer en el trabajo este artículo, para conmemorar el día de la mujer y aportar nuestro granito de arena.

Cuando entré a trabajar a Astrolab hace poco más de dos años, el equipo estaba conformado por cuatro hombres y una mujer. De hecho, recuerdo que al entrevistarme un requisito importante del perfil del puesto era justamente ser mujer, para igualar la balanza y ser una empresa con una representación de género más equitativa.

Hoy en el equipo que ahora es de 20 personas, trabajan junto conmigo otras seis maravillosas mujeres. Hoy somos siete mujeres muy afortunadas, por trabajar con hombres que respetan nuestro papel en la empresa, valoran nuestra inteligencia y nuestras capacidades, nos impulsan a crecer, y procuran siempre darnos nuestro lugar.

Suelo pensar y reflexionar acerca de lo diferente que se va viendo y sintiendo la oficina, cuando al representación femenina va creciendo. Las conversaciones son muchas más y más alegres. Nos distraemos con todo, llenamos de risas la oficina, pero también sabemos la importancia de tomarnos en serio el trabajo y siempre estamos dispuestas a ayudar. Nos esforzamos por cuidar cada detalle, cada espacio y a cada persona. En Astrolab, la mujer tiene un rol esencial por el simple hecho de ser mujer, pero no siempre es perfecto.

La semana pasada, previo al día de la mujer, algunas de nosotras tuvimos la iniciativa de diseñar y planear un pequeño detalle para nuestras compañeras. Decidimos regalar una flor con un pequeño mensaje para cada una. Después de un rato, en medio de la planeación, una de nosotros dijo: 

-Se me hace medio raro que las mujeres nos estemos auto-regalando, y además ¡la mitad de nosotras ya sabemos la sorpresa! ¿qué onda con los hombres?”

Nos hizo reflexionar mucho, pues nos dimos cuenta de que la violencia contra la mujer no siempre es en forma de violencia física, verbal o sexual- también se hace presente en pequeñas acciones inconscientes que suceden día con día en la casa, en la escuela y, por supuesto, en las empresas mexicanas. 

¿A qué nos referimos con «pequeñas acciones» que demeritan a la mujer? 

En Astrolab, estas acciones se manifiestan cuando nosotras, aun cuando no es a propósito, casi siempre somos las que recogemos la cocina después de comer, las que estamos detrás de todos para que laven sus tazas, las que cuidamos que la oficina se vea ordenada y las cosas estén en su lugar, entre muchos otros pequeños ejemplos.

Y aunque tenemos estas áreas de oportunidad, hemos sido testigos de que día con día se trabaja para que Astrolab sea una organización con equidad, con respeto y donde se valore a las personas en todos los aspectos posibles, sabemos que aun nos falta mucho camino por recorrer.

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Aquí te van otros ejemplos que vivimos en otras organizaciones y situaciones:

«Después de tener una sesión estratégica con directivos (que en esa empresa eran todos hombres) tuvimos un convivio. Intenté integrarme a uno de los grupos pero no pudieron encontrar ni un tema que compartir conmigo (minutos antes su conversación era muy animada, de temas de “hombres”). 

El silencio incómodo se volvió abrumador y decidí buscar a alguien más con quién pudiera conversar. Ese momento de exclusión se vive mucho en las empresas. 

Las mujeres también tenemos nuestra culpa en habilitar ciertos comportamientos. Tenemos que dejar de pensar que nuestra reacción apropiada a los comentarios y chistes machistas son la risa y el silencio. Evitar criticar a otras mujeres con un afán de hacerlas menos. Debemos apoyarnos, acompañarnos e impulsarnos las unas a las otras porque el cambio inicia en nosotras mismas. 

Espero pronto llegue el día en que los temas que hablamos hombres y mujeres sean mucho más en común, y que la conversación suceda de forma más natural y respetuosa».

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«Hace unos años trabajé en una empresa que se dedica a hacer estructuras. Parte de mis obligaciones era ir a bodega para revisar piezas en existencia o supervisar la preparación de las piezas antes de la instalación… pero nunca tuve oportunidad de ejecutarlo. Mi ex jefe siempre me hacía comentarios como ‘’no puedes ir porque los hombres ahí son bien así’’. Ni siquiera era capaz de describir la palabra ‘’así’’. 

Decía que si iba, recibiría comentarios obscenos. Por lo tanto era mejor que no fuera y que un hombre de mi equipo fuera por mí. 

Personalmente, me sentía muy incómoda. La cosa empeoró cuando escuché que una de mis compañeras recibía comentarios parecidos, pero además comparándola conmigo, diciendo algo como: 

-Ya no eres la guapa del equipo, ahora tú sí puedes ir a la bodega sola.

Empezaron a discriminarnos y ponernos una contra la otra por nuestra apariencia, como si entre mujeres lo único que nos importara fuera ‘’ser la más bonita’’. Nos ponían restricciones y condiciones sin sentido, demeritando nuestro trabajo y nuestras habilidades.

La cultura de México desgraciadamente es machista, y las mujeres comúnmente somos juzgadas por estereotipos, no por nuestras acciones, profesiones, habilidades o valores, 

Siempre se espera que cambiemos algo, que seamos algo o que no lo seamos.

Un muy buen paso hacia la solución, es dejar de esperar tanto de nosotras entre mujeres. Debemos aceptarnos, amarnos y apoyarnos entre nosotras mismas y a las demás, pues mediante nuestra transformación comienza el cambio».

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«Cuando comencé a trabajar en cierta empresa de la ciudad, como parte del onboarding, me comentaron que por reglamento interno se debía portar un uniforme. Me pareció un lineamiento algo anticuado… además de irrelevante. 

Algo que llamó mi atención fue la diferencia entre los uniformes según el género: las mujeres debían portar como uniforme una blusa con un saco encima y pantalón de vestir, mientras que el personal masculino únicamente debía llevar una camisa con el logotipo de la empresa. Para ambos el viernes se permitía usar «ropa libre».

Durante mis primeros días me percate de que sólo las mujeres cumplían el reglamento con respecto al uniforme. Estaba estrictamente prohibido que las mujeres usáramos falda, blusa de tirantes e incluso pantalón de mezclilla en un día que no fuera el viernes, y si por algún motivo llegabas a incumplir esa regla te llamaban la atención, mientras que pocos hombres portaban la camisa con el logotipo y no tenían ninguna amonestación ni llamada de atención. 

Después de un tiempo cuestioné el porqué de esa diferencia en las reglas y sobre todo en los llamados de atención.

La respuesta fue:

-Si les damos esa libertad a las mujeres los hombres no van a trabajar por andarlas viendo, además el viernes ustedes ya se pueden vestir como quieran.

Fue la gota que derramó el vaso, y yo renuncié, pero mis compañeras siguen trabajando bajo ese sistema. 

Tenemos que cambiar la forma en que funcionan esos reglamentos que de mala forma siguen haciendo diferencias de género en cosas totalmente irrelevantes (en un área administrativa) como la vestimenta».

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«En mi carrera profesional he tenido la gran fortuna de poder trabajar dando clases a niños de entre cuatro y ocho años de edad, y en este tiempo he podido ver cómo desde esas edades se empieza a manifestar la diferenciación entre géneros. 

Escucho diario en mi día laboral cómo se le dice a una niña que no puede jugar a “x” cosa por ser niña, que los legos son juegos para hombres, que por qué juegan soccer y no hacen gimnasia o basquet. Este tipo de comentarios se escuchan más de lo que nos gustaría.

Pero muchas veces -y sin darnos cuenta- nosotros mismos fomentamos esta cultura desde el momento que separas actividades y explicas que las niñas lo harán de tal color y los niños de otro; desde que se habla de películas y dices que esa es para niñas o para niños; o desde que se regaña a los niños por llorar, mientras se les dice que eso no es de hombres.

Hoy es momento de cambiar esta cultura y dejar que los niños sean niños, que escojan lo que más les gusta, sin clasificar las cosas que son de niños o de niñas. 

Debemos enseñar que todos somos un equipo, conformado por hombres y mujeres, y que en conjunto podremos lograr grandes cosas, pues tenemos mucho que aprender unos de los otros.  

Ya llevamos algo del camino recorrido en los últimos años,  y me he dado cuenta que las niñas ya no piensan igual que cuando nosotras estábamos chiquitas. La diferencia se ve hasta en la trama de películas infantiles, donde ya no existen los príncipes que salvan a la princesas, sino que las apoyan y las acompañan, mientras ellas son las heroínas de su propia historia.

Me da muchísimo gusto cuando le preguntas a las niñas de nueve años que quieren ser de grandes, y todas se ven como mujeres trabajadoras, con empresas, abogadas, doctoras e incluso he llegado a escuchar a una decir que quiere ser presidenta y salvar al país. Espero que este tipo de pensamiento se siga fomentando en las niñas y que sigan usando su voz para decir que es lo que quieren y que les gustaría y nadie elija por ellas».

Pequeñas acciones que podemos realizar para fomentar la equidad de género. 

Existen muchos comportamientos, frases y comentarios que ya están normalizados, tanto hombres como mujeres hacemos sin ser conscientes, y que crean un ambiente en el que la mujer o el hombre se pueden sentir menospreciados. 

Desde muy pequeños en trabajos escolares las mujeres decoran la presentación, se encargan de imprimir y otras tareas que no necesariamente son su obligación pero que, por su “naturaleza” femenina, hacen mejor. El hecho de que desde muy pequeñas permitamos esto o solitas nos postulemos para estas actividades nos va encasillando a un rol asignado por el género. 

Nosotras podemos generar un cambio con el ejemplo. No te burles de comentarios o chistes machistas. Evita decir frases que ya están normalizadas pero generan un ambiente pesado o de desigualdad como: “los hombres son racionales y las mujeres emocionales”, “manejas como mujer”, “será que estás en tus días”, “a las mujeres no hay que entenderlas, solo escucharlas”, “seguro obtuvo eso porque le coqueteo” y miles de otros comentarios similares. Si notas que alguien más lo hace, no te quedes callado. Hay muchas maneras amables y educadas de hacer notar que es un comentario que te incomoda.

Por otro lado, si tienes hijas, inspíralas a estudiar, a trabajar y a sobresalir, e incluso hacer cosas que no necesariamente son las antes se esperaban de una “señorita”, como viajar por el mundo, vivir sola, ser económicamente independiente. Empodéralas desde pequeñas, para que puedan lograr lo que ellas se propongan en la vida. Preséntales mujeres líderes y lee cuentos de noche donde el personaje principal sea una mujer, para recordarles que ellas están siempre son las protagonistas de su propia historia.

Finalmente, haz conciencia de cómo es la situación en tu oficina. Si notas algunas cosas que podrían mejorar, no tengas miedo a alzar la voz, estoy segura que si lo haces notar será más fácil para todos mejorar. Si eres mujer, respalda a tus compañeras y sean un equipo, la unión hace la fuerza. Y si eres hombre, respeta y valora a tus compañeras, no solo por ser mujeres, sino por ser personas inteligentes, capaces y valiosas, igual que tú.

Gracias por leer hasta aquí…

Con este pequeño texto, queremos ser parte de una lucha que es de todos, tanto hombres como mujeres trabajando en equipo, como seres humanos. Queremos ayudar a generar consciencia y cambiar actitudes que nos permitirán vivir en un México, más seguro, empático y equitativo, donde las personas nos aprendamos a respetar y cuidar. 

Que ninguna persona tenga que sentir miedo al salir a la calle, a tener una opinión diferente, a manifestarse, a hacerse escuchar y que no falte ni uno ni una más.

Con cariño,

Elisa, Azul, Ana Fer, Analucía, Regina, Eileen y Karina

 

Comentarios (1):

  1. Edna García

    12 de marzo de 2020 at 10:54 PM

    Excelente artículo que lleva a una reflexión de fondo… inspirador.
    Felicidades a las mujeres de Astrolab y a todo su equipo.

    Responder

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