Storytelling de Negocios

Cambiemos cómo trabajamos e interactuamos (PARTE I)

¿Cómo describirías la cultura laboral en la organización donde trabajas?

¿Dirías que los hábitos de esa empresa están orientados a que tú te desarrolles y seas creativo? ¿afirmarías que eres parte de un entorno profesional donde la innovación, la flexibilidad, la agilidad y la autonomía son lo normal? ¿sientes que la organización donde trabajas fomenta un propósito trascendente, más allá de generar ingresos?

Es probable que no.

De ahí que la figura del Godínez, el trabajador mexicano de oficina que se abandona en una especie de letargo profesional, se ha vuelto tan popular. (Sobre este concepto, Wikipedia dice que su “origen más aceptado es el personaje Godínez de la serie televisiva El Chavo del Ocho que buscaba librarse de toda responsabilidad y no ser visto ni notado para trabajar lo menos posible.”)

¿Cuánto perdemos como individuos y como país si dejamos que esto se vuelva normal, si no hacemos nada para dejar de ser Godínez? O más bien, ¿podríamos tener empresas más orientadas a resolver problemas sociales relevantes, donde se fomente el crecimiento personal y la colaboración?

1. Repensando nuestro camino

A finales del 2017, los de Astrolab decidimos reescribir nuestro Propósito (entendido como una forma de expresar el impacto que tiene nuestra organización en la vida de nuestros clientes).

Durante los años pasados hemos dedicado todas nuestras energías a ayudarle a líderes de negocio a ser más claros, memorables e inspiradores en su comunicación interpersonal. Aunque este propósito es noble y grande, sentimos que se queda corto para expresar el impacto que nos gustaría tener en nuestro entorno. 

Hoy vemos la urgencia de cambiar otros hábitos organizacionales, más allá de la capacidad de comunicación del líder.

Este descubrimiento está inspirado en la historia y presente de la ciudad de Monterrey, donde tenemos nuestras oficinas. También tiene mucho qué ver con Frederick Taylor -un consultor de negocios norteamericano que vivió entre 1856 y 1915- cuyas ideas sobre la administración cambiaron cómo se trabajaba en nuestra ciudad.

2. Cuando Monterrey despertó

La mayoría de las ciudades industriales le deben mucho a las ideas de Frederick Taylor sobre la cultura laboral y sobre cómo operar empresas de manera más eficiente.

Por ejemplo, Monterrey.

Hasta finales del siglo XIX, Monterrey era una ciudad que no figuraba mucho en la vida industrial del país. Las cosas comenzaron a cambiar cuando algunos empresarios (José Calderón, Francisco G. Sada, Isaac Garza, Lorenzo Zambrano, entre otros), ayudados por el Gobernador Bernardo Reyes, fundaron la Cervecería Cuauhtémoc, la Fundidora, Cemex y Vitro en un lapso de 20 años (1890-1909).

Cuando inició la Revolución Mexicana, varios de estos empresarios que iniciaron este movimiento huyeron a Estados Unidos. Algunos de sus hijos -Luis G. Sada, y los hermanos Roberto y Eugenio Garza Sada- aprovecharon para estudiar en el M.I.T y en la Universidad de Michigan. Ahí conocieron la obra de Frederick Taylor, y el concepto de administración científica.

A su vuelta empezaron a aplicar estas ideas en la Cervecería y en el resto de las empresas de su familia. La aceptación fue tal que en 1928, la Fundidora pagó para traducir la obra de Taylor al español y distribuirla a sus empleados. En pocos años, Monterrey se había convertido en un centro industrial.

Cambiemos cómo trabajamos e interactuamos (PARTE I)

Alto Horno No. 1, Fundidora, c. 1910

Mi Abuelo (+2005) y mi Padre (+2015), como otros cientos de miles de regios, entregaron su vida al sector industrial de Monterrey. Gracias a esas generaciones -y a las ideas de Taylor sobre cómo deberían trabajar las personas en una fábrica-, nuestra ciudad se convirtió en una metrópoli que ha ofrecido empleo y calidad de vida a millones.

El problema es que, en medio de los cambios tecnológicos y sociales por los que estamos pasando, la administración científica se ha empezado a quedar corta como biblia del empresario contemporáneo. La mejor parte de estas ideas -la eficiencia- ya no constituyen un diferenciador, sino más bien algo dado y básico.

3. El sistema primero que la persona

Frederick Taylor dedicó su vida a promover la eficiencia en las organizaciones.

Para disminuir el tiempo de producción, Taylor creó la figura del supervisor que con reloj en mano se paseaba por la planta midiendo el tiempo que cada obrero dedicaba a cada tarea manual.

Al hacer esto, Taylor restó importancia a las contribuciones de cada empleado y se la dio al sistema: “En el pasado, el hombre ha sido primero” escribió Taylor. “Ahora, el sistema debe estar primero”. Las organizaciones que implementaron esto empezaron a tener una ventaja competitiva: podían crear más productos de forma más rápida y más barata.

Pero había algunas consecuencias: el trabajador podía moverse poco -sólo podría trabajar donde estaban sus herramientas-, tenía que enfocarse únicamente en lo que los supervisores determinaran y no era responsable de lo que sucediera fuera de su área de trabajo, como explica Tenny Pinheiro en The Service Startup: “las personas eran tratadas como una parte esencial de la máquina”.

Taylor escribió estas conclusiones en un libro titulado “The Principles of Scientific Management” que publicó en 1911. Su influencia en la teoría de administración fue tal que en el 2001, la Academy of Management de los Estados Unidos lo nombró como el libro más relevante del siglo XX.

4. Un nuevo mundo

De algunos años para acá, el mundo se ha acelerado. Nathaniel Branden resume esta transición en unas pinceladas:

Durante las últimas dos o tres décadas, ha habido un desarrollo extraordinario en la economía norteamericana y global. Pasamos de ser una sociedad de manufactura a una sociedad de información. Hemos visto la transición de las tareas físicas a las tareas mentales. Ahora vivimos en una economía caracterizada por cambios rápidos, por descubrimientos tecnológicos y científicos acelerados y por un nivel de competitividad sin precedentes.

¿Cuándo crees que Branden publicó este párrafo? ¿2017? ¿2015? ¿2010?

El texto es de 1995. Ahora piensa en cómo ha cambiado el mundo entre 1995 y el 2018.

¿Qué ha cambiado exactamente en los últimos años? Los ciclos de la tecnología se han acelerado, pero no es lo único que ha cambiado. La tecnología ha hecho que el resto del mundo vaya más de prisa, y esto nos ha traído un cambio social. Una nueva generación con nuevas costumbres e ideales es ahora, de acuerdo al Pew Research Center, la fuerza laboral más grande de Estados Unidos, y pronto lo serán del planeta.

En medio de todos estos cambios, “las organizaciones han permanecido sorprendentemente iguales” dice Aaron Dignan. Sí, muchas dicen que ahora lo más importante es la persona humana, pero en su día a día siguen poniendo a la eficiencia como regla de oro.

Cambiemos cómo trabajamos e interactuamos (PARTE I)

“En medio de todos los cambios que hemos vivido, las organizaciones han permanecido sorprendentemente iguales” -Aaron Dignan

En el mundo nuevo que habitamos, la eficiencia es importante pero no absoluta. Poco a poco, se empiezan a escuchar voces disidentes que piden un ajuste en las formas de trabajar y de interactuar dentro de las organizaciones.

En Astrolab escuchamos con cada vez más frecuencia lo siguiente:

  • Necesitamos cambiar la cultura laboral de esta organización.
  • Necesitamos ser más ágiles ante el cambio.
  • Necesitamos que nuestra gente esté engaged (comprometida).

¿Qué hacemos para cambiar esto?

¿Qué le ponemos encima a la administración científica de Taylor?

¿De dónde tomamos inspiración para darle la vuelta a este status quo?


 

(Leer la PARTE II)

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