Storytelling de Negocios

Cómo conseguimos un ‘efecto dominó’ al capacitar a un buen equipo

por Gerardo Cañamar

Hace algunos meses una empresa de retail nos pidió ayuda.

Querían diagnosticar por qué sus colaboradores no estaban haciendo uso de una nueva herramienta tecnológica, que a pesar de ser fundamental para la continuidad del negocio, tenían más de un año impulsando sin éxito.

Les gustó tanto nuestro diagnóstico, que la unidad de negocios nos pidió con la mayor urgencia apoyo para la implementación. 

La fecha límite para ello era dentro de tres meses, pues se estimaba que la herramienta actual colapsaría con el volumen de información que estaban manejando.

La tarea no era nada fácil para un grupo de externos, por lo que empezamos con armar nuestro equipo estrella dentro de la organización.

Éste sería un equipo autónomo, multitarea y multidisciplinario, capaz de procesar retroalimentación y tomar decisiones de forma ágil en favor de la implementación de la nueva herramienta de trabajo.

Sólo teníamos tres condiciones para quienes formaran parte de ese equipo:

  1. Que estuvieran convencidos de los beneficios de la herramienta.
  2. Que salieran bien evaluados en inteligencia emocional por sus superiores y compañeros.
  3. Que de igual manera tuvieran reconocidas habilidad de comunicación.

Un ‘dream team’

Durante tres semanas trabajamos con el equipo la Narrativa del cambio, la estructura de soporte, la campaña de despliegue y actividades de gamificación.

Finalmente, los preparamos para que implementaran la herramienta y replicaran las actividades en sus respectivos equipos de trabajo.

Parte fundamental de ese trabajo de creación y capacitación fue que se conocieran todos los miembros del equipo base y que entendieran cómo trabajar en conjunto.

El resto del trabajo partió de ellos mismos.

Empezaron por comunicar la Narrativa del cambio a sus compañeros de equipo, abrieron un canal de diálogo que se mantendría disponible durante todas las fases de la implementación, y se prestaron para dar soporte a sus compañeros en todo momento. 

La campaña sirvió como recordatorio para que todos los equipos mantuvieran conversaciones en las que surgían inquietudes al respecto de la nueva herramienta. Los líderes eran los encargados de pasar toda retroalimentación al equipo de desarrollo tecnológico.

Las buenas prácticas se contagian

Cuando se lanzó la campaña, era muy importante que ellos convencieran al resto de la organización de participar en las actividades de despliegue (gamificación) y obtuvieran retroalimentación de cómo estaban funcionando en cada estado de la república.

La respuesta fue increíble, se notaba el entusiasmo en los equipos. En lugar de retroalimentar con quejas o defectos, nos compartían aprendizajes para facilitar la adopción.

Esto generó un efecto dominó en el resto de los equipos, que de inmediato se quisieron unir a la tendencia de compartir y ser protagonistas.

Durante el resto del proyecto, el trabajo de Astrolab consistió en coordinar los esfuerzos y estar presente para dar soporte al equipo de despliegue.

Al cabo de los tres meses, se cumplió el objetivo y el 100% de los usuarios habían migrado a la nueva plataforma.

No me gustaría cerrar diciendo que el éxito del proyecto se dio solo a la genialidad de Astrolab. Al contrario, estamos convencidos que se debió en gran medida a la formación de un equipo de alto desempeño.

Uno con miembros capaces de replicar y liderar la dinámica en otros equipos de trabajo.


P.D.: Te dejamos una historia contada por Conor Neill, profesor en el IESE Business School en Barcelona, que ejemplifica la diferencia entre un equipo ineficiente y otro excelente:

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