Storytelling de Negocios

Desarrolla hábitos que marquen la diferencia. Te decimos cómo.

por Jorge Lavalle

“Me despierto e inicio mi día siempre con un pensamiento: dar gracias por la abundancia en mi vida -familia, amigos, empresa y más. Nada bueno se consigue fácilmente. El trabajo duro y la dedicación siempre rinden frutos”.

Esta rutina es de Gary Miliefsky, CEO de SnoopWall, una compañía de seguridad con más de 30 socios internacionales.

Poner la mente en positivo cada mañana ha sido clave para sortear obstáculos e impulsar a su equipo, considera.

Charlie Silver, CEO de Algebraix Data, cuenta que tiene la costumbre de caminar 30 minutos cada noche, en solitario, antes de dormir.

Confiesa que el paseo le ayuda a tomar perspectiva y ordenar sus prioridades, además de hacerle dormir mejor para rendir más en su trabajo.

Por su parte Dan Hogan, líder de Megalogix, empresa de tecnología médica, cada vez que sufre un bloqueo mental lo combate con juegos.

Ya sea con Lego, lanzando pelotas, jugando ajedrez, cualquier estímulo para su cerebro lo regresa fresco a la página en blanco.

Puedes leer más historias como éstas en este artículo de Inc.

¿Identificas el común denominador en estos casos? Todos se refieren a la creación de hábitos.

Los (buenos) hábitos hacen la diferencia entre un espacio de trabajo productivo y uno que no lo es; entre un liderazgo efectivo y uno deficiente; entre tener un buen día en la oficina y uno para olvidar.

Sin embargo, ¿cuántas veces nos hemos propuesto desarrollar un hábito y lo dejamos en el camino? Desde ejercitarnos o dejar de fumar, hasta llegar puntuales o checar los emails a primera hora.

Durante este mes estamos recomendando herramientas para impulsar cambios desde tu trinchera. En este sentido, adquirir hábitos es fundamental para acelerar mejoras individuales que puedan traer grandes beneficios en el día a día laboral.

A continuación te presento una serie de “hacks” que puedes implementar para que te sea más fácil crearlo.

Cambia tu entorno

Chip y Dan Heath cuentan en su libro Switch la historia de Mike Romano, un veterano de Vietnam que, al igual que muchos de sus compañeros en armas, se hizo adicto al opio durante la guerra.

En aquel tiempo, las autoridades de Estados Unidos temían las repercusiones de la ola de adictos que se reintegraría a la vida civil, de los cuidados y vigilancia que requerirían.

Sin embargo, luego de que Romano volviera a casa, no necesitó de ningún cuidado o programa gubernamental para controlarse. Su adicción simplemente desapareció. ¿Por qué?

Los autores apuntan al cambio de entorno, de uno donde todos se drogaban a uno sano en presencia de la familia, amigos y una comunidad abierta al reingreso.

El simple hecho de recibir apoyo y convivir con gente saludable, en un ambiente familiar, fue suficiente para que Romano transitara del vicio a una vida sana.

Esto también se puede lograr en el ámbito laboral. Por ejemplo, si quieres desarrollar en tu equipo el hábito de solicitar feedback, reacomoda el espacio de trabajo para que haya menos barreras físicas entre ellos.

O más sencillo, si tienes una oficina propia, deja la puerta abierta para propiciar una mejor comunicación.

Y si lo que buscas es que tu equipo llegue temprano y de buen humor los lunes, déjales café recién hecho y algo para desayunar. Puedes acompañarlos con mensajes positivos en post-its para hacerles la diferencia a inicio de semana.

Identifica y aprovecha los ‘triggers’

Carli Lloyd es mediocampista de la selección de futbol femenil de Estados Unidos. Fue campeona del mundo en 2015, balón de oro y la primera en hacer un “hat trick” en una final.

Ella tiene muy claro el papel que su mente juega: “En los últimos cuatro años he llevado la visualización al siguiente nivel… me veo haciendo muchas cosas en la cancha, participando en grandes jugadas, metiendo goles”.

Como mencionamos antes, desear adquirir un hábito no basta en sí, o al menos no todo el tiempo.

¿Qué crees más probable que suceda? Decir”voy a sacarle mayor provecho a las juntas”, o pensar “tan pronto me siente, abriré mi libreta en una hoja en blanco y pondré la pluma en mi mano”.

En la segunda situación es más factible que desarrolles el hábito. Has definido un desencadenante, o trigger (sentarte) que deriva en otra situación (tomar notas).

Carli Lloyd comenta cómo el visualizar sus acciones antes de un partido la llevó al éxito en la cancha. Foto: @ExcelleSports

Es más fácil desarrollar un hábito si visualizas la situación concreta en el orden que sucederá, las acciones que te lleven a ello.

Por ejemplo, si trabajas en atención al cliente y buscas dar un mejor servicio, puedes decir “en el momento en que la persona a la que atiendo pierda contacto visual conmigo o haga algún gesto de titubeo, le preguntaré si tiene alguna duda”.

De la misma manera, es importante identificar situaciones que sean una distracción para cambiar un hábito, y evitarlas. Acciones sencillas como cerrar Facebook, ponerte audífonos o cambiar tu ruta pueden ser de gran ayuda.

Crea listas

Aunque pueda sonar tedioso y básico, hacer un listado puede marcar la diferencia entre adquirir un hábito o no.

Ya mencionamos que visualizar el camino en tu mente es de mucha ayuda. Imagina ahora poder verlo en físico.

Para ello es necesario que tu lista de actividades tenga estas características:

  • Concreta: detalla actividades específicas (escribir “solicitar retroalimentación sobre la parte X del proyecto” es mejor que “contactar al cliente”).
  • Progresiva: apunta las actividades en el orden en que piensas hacerlas (recuerda la magia de los desencadenantes).
  • Visible: ponla en un sitio donde no se te escape, como frente a tu computadora, o en el caso de actividades de equipo, en el área de trabajo, en un lugar destacado.

El doctor Atul Gawande escribió en The New Yorker sobre el impacto de las listas. Si seguir indicaciones básicas les da hábitos a los médicos para salvar una vida, imagina lo que pudiera hacer por ti y tu organización.

Hay quienes critican los listados por promover la “robotización”, pero es precisamente esa parte -aprender a hacer las cosas en automático- lo que te ayuda a reforzar un hábito.

Desarrolla tu fuerza de voluntad

Starbucks es una compañía que tiene muy claros los hábitos que busca infundir en sus equipos.

Sabe que al pagar 4 dólares por una taza de café, la gente espera un servicio excelente.

Pero ¿cómo asegurar esa calidad cuando involucras a personas propensas al cansancio, con problemas ajenos al trabajo?

La clave es la resiliencia, o fuerza de voluntad.

Para lograrlo, Starbucks provee a sus empleados de una intensiva educación en inteligencia emocional. Les enseña a manejar sus sentimientos, a mantener la calma durante las crisis y anticipar sus reacciones ante los problemas.

Para lograrlo, usan una combinación de desencadenantes y listas.

El gerente le preguntaría al barista cuál sería su reacción, por ejemplo, ante un cliente insistente. Luego le pediría que apunte la manera en que cree que debería reaccionar para resolverlo, los pasos que seguiría y al final los ensayaría con él.

La recompensa de un cliente satisfecho, una sonrisa, o una felicitación por parte del equipo motivan a alcanzar la meta.

Sin embargo, aunque la fuerza de voluntad es crucial para cumplir con nuestros hábitos, no basta con desarrollarla, hay que ejercitarla. No es lo mismo empezar una tarea después de una serie de pendientes desagradables, que entrar de lleno a ella.

En la primera situación estarás muy agotado mentalmente y posiblemente no logres sacar fuerza para tu cometido.

Por ello es importante que aprendas a identificar las situaciones que más trabajo te cuesten y darles prioridad para desarrollarlas como hábito.

Con el tiempo, conforme más fuerza de voluntad juntes, más fácil te será hacerlas, y lo mismo para cualquier otra actividad que quieras desarrollar.

Te recomiendo ver esta TEDx Talk de Charles Duhigg, autor de The Power of Habit, donde abunda en el caso de Starbucks y la fuerza de voluntad:

¡Cuéntate historias!

Ya hablamos del poder de la visualización aplicado a la actividad en sí. Es hora de que veas hacia dentro de ti mismo.

Debes contarte una buena historia, y creértela.

Por ejemplo: “Si hago preguntas durante la junta, me veré como alguien involucrado a quien le interesa el proyecto y me considerarán para puestos de liderazgo”.

Con esta imagen, es mucho más sencillo seguir adelante con el hábito de preguntar. Y suena más motivante que “Si me pongo a preguntar, quedaré como alguien molesto e ignorante”.

Incluso ante tareas que consideres molestas, busca orientar tu narrativa interna hacia los beneficios. Hacia la ventaja competitiva que te dará, hacia lo bien que te sentirás cuando puedas hacerlo de forma rápida y automática.

Si quieres saber más, te recomiendo este artículo sobre cómo contarte las historias correctas para adquirir hábitos.


¿Cuáles de estás técnicas vas a empezar a poner en práctica? ¿Qué otras conoces?

¿Qué hábitos te gustaría que desarrollaras tú o tu equipo para hacer una gran diferencia con pequeños cambios?

Cuéntamelo en los comentarios.

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