Storytelling de Negocios

‘Dice el licenciado…’: Qué hacer cuando el jefe es el obstáculo

por Jorge Lavalle

Recuerdo cuando trabajaba en uno de los medios impresos más importantes de Monterrey.

Mis responsabilidades como editor incluían que todos los días entrara a junta con los directores de sección y la directora editorial.

Ahí se discutían, entre otras cosas, qué notas se publicarían en la edición del día siguiente, con qué jerarquía y qué enfoque se les daría. Se suponía que el objetivo de la reunión era alcanzar una decisión colegiada.

Sin embargo, con frecuencia se escuchaban frases del tipo “salvo que el licenciado diga…”, “si el licenciado lo aprueba…”, “a menos que el licenciado…”.

El “licenciado” en cuestión era el presidente y director general del periódico, que al final de cada junta se conectaba vía remota para dar el visto bueno de lo acordado.

Y sí, con frecuencia echaba para atrás algún planteamiento o pedía cambiar enfoques de alguna noticia. Terminaba su intervención siempre con un “afinamos más noche”.

En efecto, cada noche, ya sobre la hora del cierre, se metía a evaluar lo que llevaban las portadas y pedía cambios, a veces grandes, sobre cosas que se habían tardado toda la tarde en realizar.

Además, él no era el único con esa costumbre. La directora editorial, en especial cuando estaba fuera de la oficina, también tenía la práctica de pedir cambios sobre la hora, a veces sin el contexto completo del director de sección encargado.

Con estas prácticas enraizadas en el ADN del periódico, era muy común que la plantilla perdiera iniciativa o la capacidad de lidiar con una crisis. En lugar de eso, preferían rebotarlo todo con sus jefes o con “el licenciado”.

Pasar todas las decisiones por el filtro de “el licenciado” puede ser una barrera muy costosa, como sucedía en un periódico local.

¿Qué es lo que está mal aquí? Una organización o un equipo donde todas las decisiones deban pasar por un filtro de “el jefe” terminan estancados y con poca o nula agilidad.

¿Cómo podemos combatirlo?

Define roles

Es muy importante que en cualquier grupo, las responsabilidades estén bien definidas y de preferencia nadie dobletee.

En el caso del periódico, tenemos a un jefe que es al mismo tiempo el dueño de la empresa y el CEO. Por lo tanto, tiene una autoridad casi total, al punto que su palabra “es ley”.

En un caso ideal, el presidente del consejo y el director general deben ser personas distintas, de manera que uno pueda servir de contrapeso al otro.

Mientras el primero se encarga de la visión general de la empresa, el segundo se centra en el manejo del día a día.

Así, en dado caso de que las decisiones del CEO no sean las acertadas, el consejo presidido por el presidente puede marcarle un alto.

Pero no tenemos que irnos a las altas esferas de la empresa para encontrar un problema similar.

Si eres director de un área, es importante que, así como en tu equipo haya roles definidos, tengas tus responsabilidades bien definidas: ¿qué te corresponde a ti y qué a tus gerentes o miembros de tu equipo?

Aprende a delegar de forma efectiva

¿Qué sucede cuando surge una nueva tarea que no está definida en el rol de responsabilidades? En principio, como líder, tienes la facultad de decidir quién se encargará.

Si crees que es lo mejor y tienes el tiempo, puedes absorberla tú.

Sin embargo, es seguro que ya tendrás demasiadas cosas en tu plato. Lo ideal sería delegarla hacia abajo a alguien que tenga más tiempo, o incluso más conocimientos para poderla realizarla.

Evita, sobre todas las cosas, caer en el micromanagement, sólo conseguirás entorpecer los procesos y desanimar al resto de tu equipo.

Te preguntarás: ¿cómo me aseguro de que las cosas salgan bien si no estoy yo supervisando? Debes estar dispuesto a confiar en tu equipo.

Por ejemplo, te cuento que, además de mi rol en Astrolab, soy dueño de un pequeño (por ahora) restaurante de hamburguesas.

En un inicio yo me encargaba de todo: cocina, limpieza, y atención al cliente, en ocasiones de forma personal, en otras dando órdenes a mi equipo sobre cómo proceder.

Sí, yo era “el licenciado”.

En una ocasión, mi ayudante de cocina levantó la mano para ir a atender una mesa. Confieso que esa área nunca ha sido mi fuerte y, ya que estaba concentrado en un pedido, le di vía libre.

Para no hacer el cuento largo, lo hizo de maravilla y ahora él se encarga de atender la mayoría de las mesas. Poco a poco le fui dando más responsabilidades y todas las cumple a cabalidad. Esto me ha permitido a mí centrarme en la tarea que me interesa más: la cocina.

Al darle el voto de confianza y cederle responsabilidades a un miembro de mi equipo, logré hacer más eficiente el funcionamiento del día a día del restaurante.

Los clientes están satisfechos y, aunque para alguno suene difícil de creer, a mi ayudante lo veo con la camiseta más puesta, con interés en el buen rumbo del negocio.

Al respecto, un estudio de Zenger Folkman indica que los empleados empoderados están 67% más dispuestos a dar un esfuerzo extra. Y este caso parece demostrarlo.

Hacia un equipo autodirigido

Por supuesto, la forma ideal de evitar que se forme ese cuello de botella donde todas las decisiones deban pasar por el jefe, sería conformar una organización de equipos autodirigidos.

Una donde los problemas sean resueltos desde el escalón más bajo, por quien se lo encuentre, con la confianza de que toda la plantilla tiene la voluntad y la capacidad para lidiar con el contratiempo. O en todo caso, para pedir ayuda a quien de seguro sí pueda.

¿Cómo puede conseguirse esto? Mackenzie Fogelson, de The Ready, propone varias estrategias en este excelente artículo. Te resumo sus pilares principales:

  • Autoconocimiento: identifícate como el líder y logra que tu equipo encuentre su propósito personal, para luego conectarlo con el de la organización. Dedica tiempo a conocer el estado mental de tu subordinados.
  • Confianza y vulnerabilidad: compartan tanto la gloria como los errores, creen canales de comunicación efectivos, donde se pueda hablar de forma abierta y sincera. Establece de forma clara las metas y los roles en cada proyecto. Deja claro que, empezando por ti como líder, está bien no tener todas las respuestas, para ello son un equipo.
  • Cohesión: ayuda a tu equipo a identificar sus “superpoderes”, aquello que aportan a la organización como personas más allá de su puesto o competencia profesional. Esto con el objetivo de que sientan la empresa como suya y estén dispuestos a dar el extra: a todos nos conviene que las cosas salgan bien. Además, establece canales de feedback y tómalos en cuenta.

Cómo construir un equipo autodirigido. Foto: medium.com

¿Tienes a algún “licenciado” o jefe que sea una barrera en tu empresa? ¿Qué crees que puedas aplicar para solucionarlo?

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Conectar tu propósito con el trabajo: Caso Nuevo Amanecer

por Analucía Richo

Pequeñas acciones pueden tener un gran impacto.

Desde muy pequeña, en el colegio cada semestre las maestras y los papás organizaban una visita a un orfanato, asilo, escuela de bajos recursos, o a alguna asociación que pudiera necesitar apoyo y en la que niños de entre 5 y 14 años pudieran ayudar.

Recuerdo muy bien, creo que fue el primer año de secundaria, que durante todo el año reunimos cosas como colchas, calcetines y comida. La idea era ayudar a unos 30 viejitos que vivían en un asilo.

Desde secundaria nos inculcaban en la escuela el valor de ayudar (ahí estoy yo, en el centro).

Llegó el día, y además de darles lo que reunimos, nos quedamos a comer con ellos y jugamos lotería.

Había un viejito ya muy grande que muy apenas podía jugar, pero al final nos contó que hace mucho que no lo visitaban y que eso le daba energía.

Desde entonces intento cada vez que puedo, o al menos una vez al año, hacer algo parecido.

Proyecto con Nuevo Amanecer

En noviembre del año pasado, Óscar nos contó durante una comida que una compañera suya del IPADE, hija de la fundadora de Nuevo Amanecer (NA), le había comentado que traían el proyecto de diseñar la experiencia en las visitas a la asociación.

Decía ella que ése es un momento muy relevante: es el primer acercamiento de posibles donantes o voluntarios y de eso depende qué tanto se comprometen y ayudan en la organización.

Sin pesar lo complejo que podía ser el proyecto, recordé el impacto que una pequeña acción puede tener y le dije que yo lo haría.

El proyecto con Nuevo Amanecer consistió en diseñar la experiencia durante las visitas.

El primer día nos dieron el recorrido a Gerardo y a mí. En lo personal, no puedo explicar lo que sentí, sólo quería ayudar.

Empezamos el proyecto, y después de algunas sesiones de trabajo y cocreación, hice un Nido para complementar el recorrido y la narrativa de Nuevo Amanecer con historias.

Al terminar el Nido Marco, el director general de Nuevo Amanecer me llevó aparte para platicar. Me comentó que se acababa de dar cuenta de que su asociación está formada por historias. Que eso es lo que los hace ser lo que son hoy.

Y que sin ellas, probablemente los nuevos no entenderían la pasión de los que llevan más años en NA.

Además, a los que llevan más años les sirven como energía para seguir persiguiendo su objetivo: brindar un servicio integral de la más alta calidad a personas con discapacidad, para así mejorar sus vidas y las de sus familias.

Te quiero compartir algunas de las historias cortas que recopilamos que más me gustaron:

1)

Una vez, estando en cita de evaluación con un alumno del área de Habilidades Funcionales y sus papás, la voluntaria explicaba algunos temas. Entonces hizo una primera pregunta: “¿Señora, usted juega con su hijo?”.

La señora puso cara de sorpresa, y no contestó. El papá, muy asombrado, preguntó: “¿Juega?”.

¡No sabían que su hijo podía jugar! Con ello la voluntaria comprendió que había mucho por trabajar y les explicó a la familia todo lo que el niño sí podía hacer.

Después de unas semanas, la mamá buscó muy contenta a la voluntaria y le dijo: “Gracias por tomar a un niño y devolverme a mi hijo”.

2)

Imagina el impacto que tenemos en las vidas de estas familias.

Hace algunos años se hacían viajes de verano, llevábamos a los niños a conocer la playa.

En estos viajes, ellos tenían la experiencia de enfrentarse a cosas a las que no suelen enfrentarse: desde subirse a un camión de viaje o a un avión, hasta separarse de sus papas, entre otras cosas.

En una ocasión fuimos a Tampico. Imagínate la logística de desarmar y armar las sillas, subir a los niños al camión y todo lo que eso implica.

En fin, llegamos a la playa y había 100 metros antes de llegar al mar. Armamos las sillas, bajamos a los alumnos y ¡sorpresa!, no es fácil empujar ruedas en la arena.

Había un niño, Juan, que no necesitaba silla, pero sí apoyo para caminar. En ese momento yo estaba empujando una silla y él se estaba agarrando de mí y le dije: “Juan, vas a necesitar caminar, no te puedo ayudar”.

En eso Juan se soltó y empezó a caminar muy rápido, como él podía, pero fue algo impresionante. Él nunca había sentido la arena y al final me ganó en llegar al mar. Él se enfrentó a una realidad.

Su mamá dijo: “Ése fue el viaje que cambió la vida no sólo de mi hijo, sino de toda mi familia”.

El entregable final de este proyecto es una joya. Además de servir para el recorrido y tener un impacto con las visitas, fue muy útil para energizar y motivar a todos, al dar a conocer las historias que se viven en NA día a día.

Una organización como Nuevo Amanecer está hecha de historias, que sirven para motivar y energizar a quienes colaboran en ella.

Trabaja con propósito y energízate todos los días

Así como todos los terapeutas, médicos, maestras, y demás administrativos que trabajan en NA están motivados y disfrutan su trabajo, tú también puedes hacerlo.

Probablemente estás pensando “sí, pero su propósito está bien cañón”. Pues te tengo una noticia: ¡sea cual sea tu trabajo, puedes encontrar un propósito propio que esté alineado al de la empresa!

El truco es hacer un poco de introspección. En el libro de “Grit: The Power of Passion and Perseverance” de Angela Duckworth, entre muchas cosas plantea dos que creo que vale la pena compartir con ustedes.

  1. Apégate a tu interés: “Las personas son más felices si su trabajo se cruza con sus intereses”.
  2. Comprométete con pequeñas tareas que amas: “Las grandes metas son inspiradoras, pero necesitas pequeñas metas para que las grandes metas se cumplan.”

Teniendo en mente estas dos recomendaciones, quiero enseñarte cómo yo hice una pequeña introspección y hallé que mis metas personales están alineadas a las de Astrolab.

Con base en esto intento hacer más de lo que me gusta y energizarme para hacer lo que no me gusta tanto:

Aunque este fue un ejercicio rápido, tengo mucha claridad que por medio de Astrolab yo me desarrollo a nivel personal y profesional, y que mis metas finales se alinean con las de la empresa.

Sé que me encanta ayudar y por medio de proyectos como el de NA, lo hacemos de forma genuina.

Pero a la vez entiendo que, aunque no todas las empresas tienen propósitos como el de Nuevo Amanecer, en cada una de ellas hay muchas personas que van a trabajar al menos ocho horas. 

Y que haciendo consultoría y resolviendo problemas en cada uno de los proyectos, si hago un buen trabajo puedo trascender en la vida de muchas personas y sus familias.

Extra: Yo hoy

Yo no soy de las personas que creen en las coincidencias. Más bien pienso que todo en la vida está conectado por pequeñas acciones que generan efectos a corto o largo plazo.

Todo y todos somos parte de un sistema con muchos subsistemas, pero al fin conectado.

Dos meses después de acabar este proyecto y enamorarme de Nuevo Amanecer, yo tenía que iniciar la tesis de la maestría. En equipo habíamos coincidido que queríamos trabajar con una ONG.

En una reunión de equipo, Caro, una de mis compañeras, propuso hacer la tesis con NA. Después de alunas entrevistas y evaluar otras organizaciones en las que podríamos trabajar, nos quedamos con ellos.

Haber trabajado previamente con NA nos dio una ventaja para hacer el diagnostico más rápido y más profundo. La tesis va de maravilla y, aunque ha sido muy retador, me siento muy comprometida.

Estoy segura de que vamos a terminar con un proyecto exitoso que ayude a NA a su crecimiento.

Sé que este tipo de proyectos, por más que sean pesados, me energizan y me hacen ser mejor en otras tareas que quizás no disfruto tanto.


Analucia es consultora en Astrolab. Cree firmemente que todo lo que hacemos y dejamos de hacer deriva en efectos negativos y positivos, y que tenemos que construir en base a estas acciones: confianza, cultura y organizaciones exitosas. Puedes contactarla en analucia@astrolab.mx 

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¿Estás listo para reinventar tu organización? Reseña: ‘Brave New Work’

por Andrés Oliveros

Mi papá falleció en el 2015 sin entender por qué dejé mi naciente carrera como abogado corporativo en el 2012 para dedicarme al cambio y cultura organizacional.

Para él, la cultura de una empresa -le tocó desarrollarse en el sector industrial- era algo que existía, pero que se componía enteramente por dos elementos inamovibles o read-only: la poca disposición del obrero por trabajar, y el cariño -o la falta de cariño- del jefe por sus colaboradores (mi Padre, debo aclarar, era un líder entregado por su gente).

¿Qué tanto puedes cambiar cómo se trabaja? La gente trabaja porque necesita, no porque quiere, era su mentalidad.

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