Storytelling de Negocios

El reconocimiento y la disciplina: dos caras de una misma moneda.

El comienzo

Cuando yo estaba en secundaria, solía visitar a mis abuelos en la Ciudad de México durante los veranos. Estaba con ellos durante un mes completo. En el primer verano, coincidió que mi abuelo estaba construyendo una casa de campo, a 50 minutos de la ciudad. Ingenuamente, siendo mi primer verano con ellos, pensé que me la pasaría jugando con mis primos, comiendo todo lo que cocinaba mi abuela y viendo televisión. Qué equivocado estaba. Me levantaba todos los días, 15 minutos antes de las 6, para acompañar a mi abuelo a su casa de campo en construcción.

La primer mañana del verano, fue brutal: Yo estaba dormido, hacía un poco de frío, y no me quería despertar. Mi abuelo, con toda la experiencia de haber criado 11 hijos, sabía que a un niño de 12 años no se le pregunta si quiere ir o no: me aventó media cubeta de agua.

Sus palabras fueron:

-Ya está el desayuno servido (una taza de cereal y un café). A partir de ese momento, sabía que no podía refunfuñar ninguno de los días en que yo me despertara.

La rutina diaria

Los días pasaron, y mis actividades siempre fueron las mismas: cortar varilla para que el maestro albañil pudiera crear los cimientos de la casa. Limpiar el piso para que se hiciera la mezcla de cemento. Palear grava en una criba para su uso en la mezcla de cemento. Todas eran actividades manuales y de cierta exigencia física. Recuerdo que mi abuelo me dijo al inicio del verano:

-Menos mal que estas estudiando, porque de trabajador, te morirías de hambre.

Siempre quise a mi abuelo, profundamente, pero escuchar esas palabras me daban ganas de dejar todo tirado e irme. Me aguanté.

Se acercaba el final del verano, y sentía algo de melancolía. Tendría que esperar hasta Navidad para regresar a casa de mis abuelos, y de alguna manera le había tomado cariño a la rutina de la casa de campo en construcción. Todas la actividades que me tomaban horas en realizar, con el tiempo se convirtieron en minutos. Había adquirido experiencia, y pude entender la relevancia del trabajo bien hecho. Aún sentía en mi cabeza las palabras duras pero ciertas de mi abuelo:

-Menos mal que estás estudiando…

El “cambio” a la rutina

El último día del verano, previo a mi viaje de regreso a casa, mi abuelo me despertó con la misma rutina. Me sirvió una taza de cereal y un café. Manejamos 50 minutos hasta la casa de campo. Le pagamos al maestro albañil por el día trabajado.

De regreso a casa de mis abuelos, hizo un cambio de ruta. Nos fuimos a un restaurant de comida mexicana, sencillo pero lleno totalmente y me dijo:

-Pide lo que quieras.

Cabe señalar, que en ese entonces comía como un troglodita. Pedí un pozole gigante, un refresco de manzana, y dos tacos gigantes. Al terminar de comer, mi abuelo me dijo:

-Espero que sigas siendo el gran estudiante que hasta ahora eres y que valores todo lo que tienes. Me da gusto que hayas aprendido algo en este tiempo. Me sorprendió cómo mejoraste y quiero que sigas aprendiendo más. Te espero el próximo verano, igual y te enseño cómo usar el aspersor para pintar un carro.

Lecciones

Conforme ha pasado el tiempo, me doy cuenta de grandes lecciones: por un lado, crear la disciplina del trabajo, la importancia de aprender desde cero, etcétera. Pero algo que recientemente descubrí es la relevancia que tiene el reconocimiento. Es tan poderoso, que reafirma la percepción que tenemos sobre nosotros mismos, lo cual nos motiva a seguir aprendiendo y elimina barreras como el miedo y el temor de lo desconocido.

Disciplina sin reconocimiento crea robots o personas frías. Reconocimiento sin disciplina crea bajas expectativas y bajos niveles de desempeño. Sólo cuando ha existido disciplina y reconocimiento, es cuando obtenemos lo mejor: personas capaces y motivadas que dan resultados concretos y con la capacidad para seguir desarrollándose.

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Conectar tu propósito con el trabajo: Caso Nuevo Amanecer

por Analucía Richo

Pequeñas acciones pueden tener un gran impacto.

Desde muy pequeña, en el colegio cada semestre las maestras y los papás organizaban una visita a un orfanato, asilo, escuela de bajos recursos, o a alguna asociación que pudiera necesitar apoyo y en la que niños de entre 5 y 14 años pudieran ayudar.

Recuerdo muy bien, creo que fue el primer año de secundaria, que durante todo el año reunimos cosas como colchas, calcetines y comida. La idea era ayudar a unos 30 viejitos que vivían en un asilo.

Desde secundaria nos inculcaban en la escuela el valor de ayudar (ahí estoy yo, en el centro).

Llegó el día, y además de darles lo que reunimos, nos quedamos a comer con ellos y jugamos lotería.

Había un viejito ya muy grande que muy apenas podía jugar, pero al final nos contó que hace mucho que no lo visitaban y que eso le daba energía.

Desde entonces intento cada vez que puedo, o al menos una vez al año, hacer algo parecido.

Proyecto con Nuevo Amanecer

En noviembre del año pasado, Óscar nos contó durante una comida que una compañera suya del IPADE, hija de la fundadora de Nuevo Amanecer (NA), le había comentado que traían el proyecto de diseñar la experiencia en las visitas a la asociación.

Decía ella que ése es un momento muy relevante: es el primer acercamiento de posibles donantes o voluntarios y de eso depende qué tanto se comprometen y ayudan en la organización.

Sin pesar lo complejo que podía ser el proyecto, recordé el impacto que una pequeña acción puede tener y le dije que yo lo haría.

El proyecto con Nuevo Amanecer consistió en diseñar la experiencia durante las visitas.

El primer día nos dieron el recorrido a Gerardo y a mí. En lo personal, no puedo explicar lo que sentí, sólo quería ayudar.

Empezamos el proyecto, y después de algunas sesiones de trabajo y cocreación, hice un Nido para complementar el recorrido y la narrativa de Nuevo Amanecer con historias.

Al terminar el Nido Marco, el director general de Nuevo Amanecer me llevó aparte para platicar. Me comentó que se acababa de dar cuenta de que su asociación está formada por historias. Que eso es lo que los hace ser lo que son hoy.

Y que sin ellas, probablemente los nuevos no entenderían la pasión de los que llevan más años en NA.

Además, a los que llevan más años les sirven como energía para seguir persiguiendo su objetivo: brindar un servicio integral de la más alta calidad a personas con discapacidad, para así mejorar sus vidas y las de sus familias.

Te quiero compartir algunas de las historias cortas que recopilamos que más me gustaron:

1)

Una vez, estando en cita de evaluación con un alumno del área de Habilidades Funcionales y sus papás, la voluntaria explicaba algunos temas. Entonces hizo una primera pregunta: “¿Señora, usted juega con su hijo?”.

La señora puso cara de sorpresa, y no contestó. El papá, muy asombrado, preguntó: “¿Juega?”.

¡No sabían que su hijo podía jugar! Con ello la voluntaria comprendió que había mucho por trabajar y les explicó a la familia todo lo que el niño sí podía hacer.

Después de unas semanas, la mamá buscó muy contenta a la voluntaria y le dijo: “Gracias por tomar a un niño y devolverme a mi hijo”.

2)

Imagina el impacto que tenemos en las vidas de estas familias.

Hace algunos años se hacían viajes de verano, llevábamos a los niños a conocer la playa.

En estos viajes, ellos tenían la experiencia de enfrentarse a cosas a las que no suelen enfrentarse: desde subirse a un camión de viaje o a un avión, hasta separarse de sus papas, entre otras cosas.

En una ocasión fuimos a Tampico. Imagínate la logística de desarmar y armar las sillas, subir a los niños al camión y todo lo que eso implica.

En fin, llegamos a la playa y había 100 metros antes de llegar al mar. Armamos las sillas, bajamos a los alumnos y ¡sorpresa!, no es fácil empujar ruedas en la arena.

Había un niño, Juan, que no necesitaba silla, pero sí apoyo para caminar. En ese momento yo estaba empujando una silla y él se estaba agarrando de mí y le dije: “Juan, vas a necesitar caminar, no te puedo ayudar”.

En eso Juan se soltó y empezó a caminar muy rápido, como él podía, pero fue algo impresionante. Él nunca había sentido la arena y al final me ganó en llegar al mar. Él se enfrentó a una realidad.

Su mamá dijo: “Ése fue el viaje que cambió la vida no sólo de mi hijo, sino de toda mi familia”.

El entregable final de este proyecto es una joya. Además de servir para el recorrido y tener un impacto con las visitas, fue muy útil para energizar y motivar a todos, al dar a conocer las historias que se viven en NA día a día.

Una organización como Nuevo Amanecer está hecha de historias, que sirven para motivar y energizar a quienes colaboran en ella.

Trabaja con propósito y energízate todos los días

Así como todos los terapeutas, médicos, maestras, y demás administrativos que trabajan en NA están motivados y disfrutan su trabajo, tú también puedes hacerlo.

Probablemente estás pensando “sí, pero su propósito está bien cañón”. Pues te tengo una noticia: ¡sea cual sea tu trabajo, puedes encontrar un propósito propio que esté alineado al de la empresa!

El truco es hacer un poco de introspección. En el libro de “Grit: The Power of Passion and Perseverance” de Angela Duckworth, entre muchas cosas plantea dos que creo que vale la pena compartir con ustedes.

  1. Apégate a tu interés: “Las personas son más felices si su trabajo se cruza con sus intereses”.
  2. Comprométete con pequeñas tareas que amas: “Las grandes metas son inspiradoras, pero necesitas pequeñas metas para que las grandes metas se cumplan.”

Teniendo en mente estas dos recomendaciones, quiero enseñarte cómo yo hice una pequeña introspección y hallé que mis metas personales están alineadas a las de Astrolab.

Con base en esto intento hacer más de lo que me gusta y energizarme para hacer lo que no me gusta tanto:

Aunque este fue un ejercicio rápido, tengo mucha claridad que por medio de Astrolab yo me desarrollo a nivel personal y profesional, y que mis metas finales se alinean con las de la empresa.

Sé que me encanta ayudar y por medio de proyectos como el de NA, lo hacemos de forma genuina.

Pero a la vez entiendo que, aunque no todas las empresas tienen propósitos como el de Nuevo Amanecer, en cada una de ellas hay muchas personas que van a trabajar al menos ocho horas. 

Y que haciendo consultoría y resolviendo problemas en cada uno de los proyectos, si hago un buen trabajo puedo trascender en la vida de muchas personas y sus familias.

Extra: Yo hoy

Yo no soy de las personas que creen en las coincidencias. Más bien pienso que todo en la vida está conectado por pequeñas acciones que generan efectos a corto o largo plazo.

Todo y todos somos parte de un sistema con muchos subsistemas, pero al fin conectado.

Dos meses después de acabar este proyecto y enamorarme de Nuevo Amanecer, yo tenía que iniciar la tesis de la maestría. En equipo habíamos coincidido que queríamos trabajar con una ONG.

En una reunión de equipo, Caro, una de mis compañeras, propuso hacer la tesis con NA. Después de alunas entrevistas y evaluar otras organizaciones en las que podríamos trabajar, nos quedamos con ellos.

Haber trabajado previamente con NA nos dio una ventaja para hacer el diagnostico más rápido y más profundo. La tesis va de maravilla y, aunque ha sido muy retador, me siento muy comprometida.

Estoy segura de que vamos a terminar con un proyecto exitoso que ayude a NA a su crecimiento.

Sé que este tipo de proyectos, por más que sean pesados, me energizan y me hacen ser mejor en otras tareas que quizás no disfruto tanto.


Analucia es consultora en Astrolab. Cree firmemente que todo lo que hacemos y dejamos de hacer deriva en efectos negativos y positivos, y que tenemos que construir en base a estas acciones: confianza, cultura y organizaciones exitosas. Puedes contactarla en analucia@astrolab.mx 

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¿Estás listo para reinventar tu organización? Reseña: ‘Brave New Work’

por Andrés Oliveros

Mi papá falleció en el 2015 sin entender por qué dejé mi naciente carrera como abogado corporativo en el 2012 para dedicarme al cambio y cultura organizacional.

Para él, la cultura de una empresa -le tocó desarrollarse en el sector industrial- era algo que existía, pero que se componía enteramente por dos elementos inamovibles o read-only: la poca disposición del obrero por trabajar, y el cariño -o la falta de cariño- del jefe por sus colaboradores (mi Padre, debo aclarar, era un líder entregado por su gente).

¿Qué tanto puedes cambiar cómo se trabaja? La gente trabaja porque necesita, no porque quiere, era su mentalidad.

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