Storytelling de Negocios

Las empresas como organismos vivientes

Parece regla que, en los negocios, el lenguaje oficial está lleno de ideas abstractas y números secos. Hace unos días se acercó conmigo David, uno de mis alumnos más brillantes y me dijo “¿qué números podré agregar a mi presentación para hacerla más convincente?”. Le prometí responderle en un artículo.

Si bien es cierto que los buenos casos de negocios se desarrollan mediante el uso de números, por lo general son aprobados sobre la base de una historia; una narrativa que vincule un conjunto de eventos en una secuencia y que convierta todas esas ideas abstractas en imágenes concretas.

Cuando esa estructura falta, la audiencia se pierde. Entonces su imaginación se va a la siguiente reunión, a otros pendientes del día, al partido de fut o a su teléfono celular.

Contar historias es parte de la lucha que llevan algunos empresarios para generar un nuevo futuro de negocios inspirado en cómo funciona y cómo se comunica el ser humano. Dice Stephen Denning que el enfoque de gestión tradicional busca una certeza virtual anclada en la seguridad ilusoria que dan los números, a diferencia del enfoque en la persona basado en narrativas.

A la hora de buscar comunicar y generar conversación, uno de los aspectos más complejos en los negocios es el tema de la cultura organizacional y en concreto los valores de una empresa. Generalmente son de las zonas más abstractas escritas en los murales de las oficinas. Ahí sí los números parecen ser inútiles.

Varias veces hemos mencionado de el típico valor: ‘Integridad’ y cito a una compañía “Valoramos la integridad como un principio que debe de guiar el comportamiento de todos los miembros de la organización”. Cuando hablamos así, privilegiamos a ciertas áreas de la empresa que entienden de dónde viene ese valor y cómo se relaciona-alínea con la estrategia de negocios. El resto de la organización sólo ve palabrería. Porque para uno y otro ‘Integridad’ probablemente signifique cosas diferentes.

Me tomaré la libertad de usar, en cambio, una historia real de una organización global que escuché hace dos semanas:

‘En diciembre del año pasado me di cuenta que Julio, mi compañero de planta, estaba faltando mucho. No decía nada pero llevaba días mostrando un rostro desfigurado. Estaba cansado, olvidaba muchas de sus tareas más básicas, demostraba que algo estaba mal. Un día me armé de valor y le pregunté: “se te ofrece algo, te veo mal”.”No es nada, una situación familiar”, me respondió. Entonces, llamé a su esposa. Me compartió que su hija pequeña estaba malita en el hospital y se veían muy apretados. Si no juntaban 50mil pesos para el final de la semana, no podrían operarla y las cosas se podrían complicar mucho. Junté a todos mis compañeros y les dije “colegas, nuestro amigo está en aprietos”. El día que tocaba ir por la raya, le dije a Julio que me acompañara. En su sobre puse los 50mil pesos que recolectamos entre todos. El 24 de diciembre dieron de alta a “su milagro”, como ahora le dice a su niña.’

Si vemos a las empresas como organismos vivientes y no estáticos, las historias (storytelling) son una herramienta clave para generar liderazgo, ya que nos ayuda a nutrir sus venas. Y se nutre con inspiración, no con administración; se nutre fomentando el cambio, no la inmovilización; se nutre viendo personas detrás de las organizaciones, no números e ideas abstractas.

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