Storytelling de Negocios

Las historias detrás de lo que hacemos (y de lo que no hacemos)

En cada familia existen reglas y convencionalismos particulares que deben ser cumplidos bajo amenaza de exilio y condenación eterna. En la mía hay tres de los que quiero hablar, poniendo atención a cómo se me comunicaron:

1. No saques el brazo por la ventana de un carro (‘coche’ o ‘automóvil’, para mis amigos de otras regiones geográficas)
2. No andes descalzo por la casa en un día frío
3. Cuidado con los perros, especialmente si están comiendo

Sobre el brazo por la ventana

NO SAQUES EL BRAZO POR LA VENTANA, escuché decir a mi Madre mil veces, lo puedes perder como tu tío Febronio.

Un día conocí a mi tío abuelo Febronio, y me le quedé viendo a su brazo postizo cuya mano escondía constantemente en su bolsillo derecho.

Desde entonces, rara vez saco el brazo por la ventana.

Sobre los pies descalzos

Mi madre y yo somos muy proclives a enfermedades respiratorias. Según ella es herencia de su familia.

-Tu abuelo se enfermaba muy seguido. Si bajaba un pie descalzo de la cama al suelo se enfermaba.

Desde entonces cuido usar calcetines -con la suciedad que eso conlleva para pesar de la persona que los lava- cuando el piso está frío.

Lo que le falta a esa regla es una historia concreta. Sólo tengo una especie de narrativa: ‘cada vez que ponía el pie en el piso se enfermaba’, pero echo de menos algún momento que me facilite visualizarlo mejor.

Sobre los perros

Para mí, los perros -como cualquier animal- son seres irracionales. Viviana me ha convencido de que sonríen pero jamás me convencerá de que tienen habilidades racionales (sigo el discurso aristotélico-tomista), propias de la persona humana (aunque muchas veces prescinda de ellas).

Esto me lo pruebo a mí mismo con algunas historias. Recuerdo dos.

Un día de hace veinte años, mi prima Paulina tocó el timbre de la casa de una amiga. La amiga tenía un perro y el perro estaba echado a lado de la puerta. Su amiga le abrió la reja y las dos caminaron hacia la puerta de la casa.

En eso, el perro saltó y de la nada le mordió la cara a mi prima.

Esa es la primera historia. Con el paso del tiempo Viviana me ha ayudado a superar mi miedo por los perros pero la cautela constante permanece.

La segunda historia tiene que ver con perros que comen. Según yo, acercarte a un perro que está comiendo es tan riesgoso como caminar por un campo minado de Vietnam.

Hace unos meses escuché por primera vez la historia detrás de ese miedo. ¿La propagadora? Mi Madre.

Estábamos en el patio con la Gorda y Tobi, los dos perros de la casa, y me acerqué a ellos mientras comían. Mi Madre gritó que cuidado. Me reí. Entonces me mostró su mano.

-¿Ves esta cicatriz? Hace 50 años me acerqué a un perro que estaba comiendo y me abrió la mano. Desde ahí aprendí a mantener distancia.

Conclusiones

1. En el imaginario colectivo de cualquier grupo de personas (por ejemplo, el departamento de TI, una empresa mediana, el área legal, una ONG, una familia, una planta) existen reglas y convenciones que sostienen y mantienen el status quo. Detrás de estas normas existen historias. Si quieres cambiar actitudes y comportamientos es esencial conocerlas para saber cómo contrarrestarlas.

2. Con respecto a lo de no andar descalzo puedo jurar que es la regla que menos vivo de las tres. Quizá es porque no tengo un momento fresco al cual volver. Me serviría una historia concreta para ver y sentir la importancia de cuidar mis pies.

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